SARAMPIÓN EN EE. UU. ENCIENDE LAS ALERTAS: AREQUIPA YA FUE CONSIDERADA ZONA DE ALTO RIESGO
AREQUIPA — Por: Juan Cárdenas
El alarmante avance del sarampión en Estados Unidos vuelve a poner sobre la mesa un problema que Perú no puede considerar lejano. Pennsylvania superó los 1,000 casos en 2026, con 1,004 contagios, 198 hospitalizaciones y cinco muertes, mientras Nueva York declaró una emergencia estatal tras confirmar 108 casos hasta el 3 de octubre. En todo Estados Unidos ya se contabilizan 3,887 casos confirmados este año, la cifra más alta en décadas.
Pero la preocupación para Arequipa tiene un antecedente mucho más cercano.
En mayo, el Gobierno peruano declaró emergencia sanitaria por un brote de sarampión con transmisión local confirmada en Puno y riesgo elevado de diseminación en Arequipa, Cusco, Moquegua, Tacna y otras regiones. El propio Minsa advirtió que la movilidad de personas y los casos importados podían favorecer la expansión del virus.
Por eso, la pregunta ya no es solamente si el sarampión podría llegar a Arequipa. **El riesgo de transmisión en la región ya fue reconocido oficialmente por las autoridades sanitarias.**
El problema adquiere mayor dimensión porque el sarampión es extremadamente contagioso y puede provocar complicaciones graves. Los CDC señalan que cuando existen comunidades con coberturas de vacunación insuficientes, la llegada del virus puede desencadenar brotes. En Estados Unidos, la cobertura de vacunación infantil ha caído por debajo del nivel considerado necesario para mantener una sólida inmunidad comunitaria.
En Perú, el Minsa ha reforzado la vacunación y distribuyó más de 1.1 millones de dosis durante 2026. También estableció como prioridad cerrar las brechas de inmunización, especialmente en niños.
La experiencia estadounidense deja una advertencia para Arequipa: cuando disminuye la vacunación, el sarampión encuentra espacios para volver a circular. Y frente a una enfermedad prevenible, la desinformación puede convertirse en un problema de salud pública cuando termina alimentando el rechazo o retraso de la vacunación.
La alerta, por tanto, no debería generar pánico, sino una pregunta incómoda: ¿qué tan protegidos están realmente nuestros niños y qué está haciendo cada familia para verificar que sus vacunas estén completas?