TASAS DE INTERÉS POR ENCIMA DEL 100% PONEN EN DEBATE EL COSTO REAL DEL CRÉDITO EN EL PERÚ
AREQUIPA — Por: Juan Cárdenas
El costo del crédito vuelve a estar bajo cuestionamiento en el Perú. Una columna del exministro de Economía Pedro Francke advierte sobre las elevadas tasas que pueden enfrentar los usuarios de tarjetas de crédito y pequeños empresarios, y pone nuevamente sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cuánto termina pagando realmente una persona por el dinero que necesita con urgencia?
Francke cuestiona el incremento de la tasa aplicada por el Banco de Crédito del Perú para determinadas operaciones de retiro de efectivo con tarjeta de crédito, que, según su columna, pasó de 107% a 113% anual. A ello pueden agregarse comisiones, seguros y penalidades por retrasos en los pagos.
El problema no está únicamente en la cifra anunciada. Para un consumidor que no comprende el verdadero costo de una deuda y opta por pagar solamente las cuotas mínimas o utilizar una tarjeta para cancelar otra, el endeudamiento puede crecer rápidamente.
El llamado “ruleteo” financiero refleja precisamente esa situación: una persona adquiere una nueva deuda para cubrir una anterior y termina atrapada en una cadena de pagos que puede prolongarse durante años. Lo que inicialmente parecía una solución para enfrentar una emergencia puede convertirse en una pesada carga para el presupuesto familiar.
La situación también afecta a los pequeños negocios. Las micro y pequeñas empresas suelen enfrentar mayores dificultades para acceder a financiamiento y, cuando consiguen crédito a tasas elevadas, una parte importante de sus ingresos termina destinada al pago de la deuda en lugar de utilizarse para inversión, contratación o crecimiento.
Sin embargo, el debate no debería reducirse simplemente a señalar a los bancos como responsables. Las entidades financieras también enfrentan riesgos de morosidad, costos operativos y provisiones que influyen en las tasas. El punto que merece mayor fiscalización es determinar si esos costos justifican realmente las tasas cobradas o si existen márgenes excesivos favorecidos por la concentración del mercado financiero.
También existe una responsabilidad que no puede ignorarse: el consumidor debe conocer la TCEA, las condiciones del contrato y cuánto terminará pagando por el dinero recibido. Pero exigir educación financiera no puede convertirse en una excusa para ocultar la complejidad de productos que muchas veces se ofrecen como soluciones rápidas para quienes necesitan liquidez.
El debate sobre los límites a las tasas de interés, por tanto, va mucho más allá de una disputa entre bancos y clientes. Está en juego cuánto cuesta endeudarse en el Perú y si el sistema financiero está facilitando oportunidades económicas o, en determinados casos, profundizando el problema de quienes ya tienen menos capacidad económica.
Porque cuando pedir S/10.000 puede terminar convirtiéndose en una deuda que se multiplica varias veces si no se controla adecuadamente, la discusión deja de ser solamente financiera: se convierte en una cuestión que afecta directamente al bolsillo de las familias y a la supervivencia de miles de pequeños negocios.